Siempre ha habido formas de comunicarnos. Entre nosotros y con otros. Desde los primeros instantes de la humanidad, cuyos ejemplos podemos ver en las cuevas de Altamira y Lascaux hace mas de 50.000 años, hasta el día de hoy. Aunque la forma y muchos de los contenidos de lo que comunicamos varían, la intención ha permanecido invariable, y muchas veces incluso el contenido. Las famosas manos en negativo que encontramos en las cuevas prehistóricas esencialmente tienen el mismo objetivo que la conocida como firma o tag del grafiti moderno. La transmisión de la idea “yo estuve aquí”. Esto se lleva haciendo desde el origen del sapiens.
Hoy se habla mucho de que la cultura es predominantemente visual. Que la palabra ha perdido el peso que pudiera tener durante el pasado siglo XX y la época llamada moderna. Durante el siglo pasado los llamados medios de comunicación de masas consistían principalmente en la prensa escrita y en la televisión y el cine desde mediados a finales de siglo. Es por eso que la transición actual hacia plataformas de comunicación social como Tik Tok o Instagram y la predominancia del uso de imágenes muchos las han interpretado como la pérdida del poder de la palabra en favor una nueva hegemonía de la imagen.
Aunque exista parte de verdad sobre esta afirmación también es cierto que la imagen ha sido la primera forma de representación fija de los seres humanos, y una palabra no es otra cosa que un símbolo visual representando una fonética que a su vez representa otra cosa.
Las famosas manos en negativo que encontramos en las cuevas prehistóricas esencialmente tienen el mismo objetivo que la conocida como firma o tag del grafiti moderno.
La transmisión de la idea “yo estuve aquí.
En la base o el origen de la comunicación entonces se encuentra el símbolo, y su agrupación en lo que llamamos códigos. El uso de símbolos fonéticos mediante el habla es lo que dio origen a la palabra y de ahí a la lengua. De esta transmisión simbólica oral se originaron después la escritura y la lectura; de forma logográfica primero hasta evolucionar en la escritura silábica, como forma más eficiente de transmitir ideas.
Aun así, las imágenes no fonéticas, es decir, las de todo lo demás, han seguido teniendo su peso a lo largo de toda la humanidad, y lo siguen teniendo hoy en día. Una imagen puede ser igual de intrincada o profunda que una historia y contener tantos elementos diferentes que la hagan poseer una riqueza simbólica mayor que muchas obras literararias; como el jardín de las delicias de el bosco o la tentación de san Antonio de Dalí. También es posible transmitir emociones básicas y sublimes a partir de formas o combinaciones de colores aparentemente sencillas. La riqueza de una obra no radica en su forma de transmisión, la palabra no es superior a la imagen, aunque se la haya considerado quizás durante una época histórica la forma predominante de transmitir el conocimiento. La biblia se escribió primero, luego se dibujó. Lo que si es cierto es que es diferente.
La escritura es el arte del observador, de aquel que se distancia y pone un símbolo concreto en forma de palabra sobre lo que experimenta, un narrador.
En el caso del lenguaje escrito este transmite ideas ordenadas de forma lineal, una detrás de la otra, tratando de seguir un orden que de paso a una lógica propia. En esta forma de transmisión la estructura tiene sus características y limitaciones. La composición de las ideas se realiza poco a poco, de forma secuencial. En una imagen no existe una sintaxis tan explicita. La composición se percibe como un todo a primera vista que después se puede descomponer en diferentes partes. Aunque en la lectura también se puede interpretar, la imagen deja que el sujeto observador genere su propia semántica y sintaxis de forma quizás más libre, pues no hay palabras concretas que estructuren una forma de pensar. Aunque sí que es cierto que los símbolos visuales también tienen un componente universal, así como el uso de los colores o imágenes arquetípicas.
Dejando de lado las diferentes modalidades de transmisión de la imagen. Como la pintura, fotografía o cine documental, se podrían hacer dos grandes grupos, entre otros posibles. La imagen estática y la imagen en movimiento o video, por ejemplo. Esta segunda forma ya integraría una temporalidad lineal que contenga la idea de evolución. Lo que tienen las dos en común es la ausencia de narrativa lingüística explícita. La escritura es el arte del observador, de aquel que se distancia y pone un símbolo concreto en forma de palabra sobre lo que experimenta, un narrador. En la imagen o el video el que se coloca en esta figura es el propio observador. También hay un observador, pero no está poniendo un símbolo verbal que, de forma a un pensamiento concreto, es más implícito. Podría decirse que en términos generales son las dos vertientes de un proceso. El de la experimentación y la del observador que tamiza esta realidad aplicando símbolos donde antes solo había experiencia directa.
Siguiendo el hilo de lo que hablábamos, ¿cómo podemos pensar entonces esto en el presente?
Bueno la palabra entonces es la constructora explícita de narrativas principal, ciertas o falsas. La fotografía no tenía ese poder o por lo menos era mas complicado de hacer, requería un esfuerzo de edición. Hoy en día con el auge de la inteligencia artificial esta situación ha cambiado y al igual que sucedía antes con la palabra tenemos que volver a preguntarnos si lo que tenemos delante es cierto. Lo que si es cierto es que en nosotros mismos se dan los dos elementos, la experiencia y la narrativa. Si la cultura tiene una predominancia visual habría que ver qué sentido se les dan a esas imágenes. Las imágenes no se generan en el vacío, se dan en un contexto y es por eso que es necesario entender que narrativa se construye alrededor de ellas o que narrativa están soportando, para después preguntarnos que hay de verdad en esa construcción.
En conclusión, que haya una comunicación mediante una imagen no quiere decir que no haya una narrativa respecto a ellas. No han nacido ni son destinadas al vacío, es por eso que, aunque se dé de forma implícita siempre hay un discurso tras ellas. Al igual que en el pasado con la palabra la labor consiste en explicitar el discurso y una vez mas ver si se ajusta con la realidad de las cosas. Esencialmente lo que se pone de manifiesto es que la transmisión de ideas mediante imágenes no es necesariamente mala, o peor. Los que, sí es, es diferente; pero los discursos se dan y se sostienen de igual forma. De ahí habría que traducirlos a palabras para después dilucidad la verdad en cada uno de ellos, como siempre.
