Hobetu Psicología | Asier Sanz

Freud y la felicidad

           Freud en su ensayo llamado el malestar en la cultura (1930). Tras teorizar sobre el origen del sentimiento religioso, valorando la hipótesis de que esta emoción pudiera devenir de un estado psíquico primitivo en el que todavía no existe diferenciación entre el mundo interno y externo pasa a preguntarse sobre los caminos que llevan a la felicidad. Freud valora diferentes estrategias utilizadas por los seres humanos para tratar de llegar a ella y da su opinión al respecto. Primero de todo señala que el sufrimiento nos invade por tres frentes diferentes: el propio cuerpo, el mundo exterior y las relaciones con los diferentes seres humanos. Lo describe de la siguiente manera:

 

“ El sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo que, condenado a la decadencia y a la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los signos de alarma que representan el dolor y la angustia; del mundo exterior, capaz de encarnizarse en nosotros con fuerzas destructoras omnipotentes e implacables; porfin, de las relaciones con otros seres humanos, El sufrimiento que emana de esta última fuente quizá nos sea más doloroso que cualquier otro”

 

         Como forma de evitar estas circunstancias señala que tratamos de encontrar soluciones a este problema y por imposibilidad de evitar todo displacer rebajamos nuestras expectativas vitales adaptándolas a un principio de realidad más que únicamente de placer. Para dar solución a este problema de la felicidad los seres humanos usaríamos diferentes estrategias. Entre ellas las siguientes serían las que Freud describe: el aislamiento voluntario, el uso de estupefacientes, la actuación sobre los instintos, la sublimación mediante el trabajo o diferentes disciplinas, el amor y la vivencia narcisista de la fantasía. De todas formas Freud asegura que solo son algunos ejemplos y que existen otras formas como la religión.

          La primera de ellas, el aislamiento voluntario sería la estrategia mas utilizada para alejarse del dolor producido por las relaciones con los demás. Para Freud la felicidad alcanzada por esta vía no puede ser otra que la quietud. Señala que este camino puede generar bienes, pero únicamente para uno mismo y ve como una solución mejor emplear las energías en el dominio de la naturaleza y en el mejoramiento de la comunidad humana mediante la implicación y el esfuerzo.

          Otra vía para alcanzar la felicidad, una vía cruda pero efectiva en el corto plazo, sería la de la utilización de estupefacientes con el objetivo de sentir placer inmediato. Las desventajas de esta vía son evidentes y se corre el riesgo de emplear en ellas una cantidad de energía que podría emplearse mejor en el mejoramiento de la vida propia y de los demás.

          Otra forma de llegar a la meta sería la que se encuentra mediante el conocimiento de disciplinas como el yoga. Esta vía se centra en actuar no sobre el aparato sensitivo sino directamente sobre los instintos. Para Freud esta vía significaría abandonar la vida para ganar la felicidad que da el reposo absoluto.

        También es necesario tener en cuenta el camio de la sublimación de los instintos sexuales en trabajo psíquico o intelectual. Esta estrategia requiere de ciertas aptitudes no al alcance de todos. Y aunque sea de más provecho para uno mismo y para la comunidad suele fracasar cuando aquejan graves males del cuerpo.

         Es de sobra conocido el amor como fuente de satisfacción. El amar y ser amados puede ser fuente de una gran satisfacción vital durante muchos años. Pero los riesgos de esta elección son evidentes. No hay mayor dolor que perder un ser amado.

        También la creación de fantasias internas o el habitar mundos ficticios puede ser una fuente de placeres, si se renuncia por supuesto al vinculo con la realidad, como le ocurrió al pobre don quijote. Respecto a esta cuestión Freud dice lo siguiente: “A la cabeza de estas satisfacciones imaginativas se encuentra el goce de la obra de arte, accesible aun al carente de dotes creadoras, gracias a la mediación del artista”.

           Finalmente, una solución radical consistiría en aquella que encuentra el ermitaño. Este vuelve la espalda al mundo, considerándolo la fuente de todos sus males. También puede llegar a sustituir ese mundo por acción de la fantasía con otro mas acorde a sus deseos.

          Como conclusión a su reflexión Freud da un consejo. Asegura que dependiendo de las tendencias innatas de cada uno cada tipo de persona tenderá a una solución diferente y reconoce que cada uno debe encontrar su solución particular al problema de la felicidad. Aunque por su parte aconseja imitar al comerciante prudente y nunca hacer depender la felicidad de la consecución de una sola tendencia, pues su éxito nunca es seguro.

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